viernes, 14 de marzo de 2014

Úrsula

Paloma negra y fría.
Sumergida en la oscuridad de mis ropas y en mi espíritu lánguido y turbio.

Te metiste en mis sueños, como una mariposa nocturna y crepitante,
mordiéndome un poco y apretándote en mis manos.

Con tu existencia temblorosa pendiendo de mis dedos incrédulos,
atravesaste la umbra y la penumbra hasta tocarme con tu piel helada y membranosa,
buscando un cuerpo amigo y tibio que te proteja del día y sus terribles fieras,
buscando un consuelo para tus heridas tristes.

Yo te abracé.
Nos abrazamos y me entendiste.

Y me diste miedo e impotencia, culpa, inseguridad, desasosiego
y terneza y magia y asombro y confianza.

La noche se volvió madre dulce y clara,
y mis toscas manos se acomodaron a tus frágiles proporciones,
mis ojos vieron por vos y en los pliegues de tus alas te guardaste cosas mías que no tienen nombre.

Y así es que me dejás sola y colgada de las paredes,
con los ojos bien abiertos y el gesto desolado del abandono,
y las ganas de explicarte un montón de cosas que no podés entender,
y que las voy a gritar al viento porque no tengo cómo contártelas.


Ida Rentoul

 





martes, 25 de febrero de 2014

Hombre furtivo

Abrime.
Abrí una carcaza de pollo, desgarra, subvierte.
Ahorcame, apretame, empujame.

No importa si me lastimás, cicatrizo bien.

Destripame, rajame, apuñalame,
con la uñas, con los dientes y los brazos y la carne y la saliva corrosiva.

Mudate a mis piernas.

Agarrame del pelo, meteme los dedos en la boca,
sacame los gruñidos que tengo incrustados en el pecho .

Que te tengo tatuado en las mucosas y en las marcas rojas de mis muslos,
que gotean, temibles y turbulentos, ansiosos.

Quiero ir por la calle y que los transeúntes te vean pegado a mi ropa,
rasgando mis calzas, que revienten en la cara de alguien y le saquen los ojos.

Quiero que explotes y me bendigas,
que me cocines el útero a base de insultos,
que me claves las garras y te comas mis despojos palpitantes.

Quiero atragantarme y que me quiebres el cráneo por dentro.

Y principalmente, quiero que no te vayas tan temprano.


lunes, 27 de enero de 2014

Fiebre uterina.

Quiero escribir un poema re asesino,
tirarle unos versos mortuorios a la noche.

Unos versos malditos que te arranquen la indiferencia como la tanguita a una quinceañera,
que te desgarren la paz de las entrañas como una brutal violación.

Quiero que tires todo a la mierda y vengas a buscarme,
a empalarme frenéticamente contra los muros mohosos de cualquier callejón

Necesito que te vuelvas loco.
Que te escondas en la oscuridad a tocarte y morderte las uñas,
y los misterios de la penumbra se traguen las evidencias, y el semen.

Que te agarre el amanecer con el celular en la mano temblorosa, con la garganta apretada,
y que los ácidos estomacales te coman las tripas de desesperación,
que no tengas hambre, ni sueño, ni frío, ni ganas de nada.

Que te caigas dormido, fulminado de miedo y angustia
y que en los propios sueños, aprietes los puños y los dientes.

Que andes todo el día de ceño fruncido y ojos desorbitados, espectante,
que no puedas escuchar ninguna canción, leer ningún poema o caminar por una plaza sin acordarte de mí.

Quiero que todo lo que te parecía importante pierda la gracia y el sentido,
que no te interese salir de tu casa, ni afeitarte, bañarte siquiera.

Que te olvides de todo, menos de mis piernas.

Valery Rybakov

martes, 7 de enero de 2014

Pesadillas de verano.

¿Cómo entrar en los turbios y absurdos detalles
del deseo propio y ajeno?

Si sirviera de algo el recuerdo, 
eterno suplicio del alma atormentada,
sumida en su propio delirio de noches caminantes.

Con los sueños de fantasmas que vuelven,
me miran indiferentes, rehacen sus vidas.

No puedo dormir sin apretar los dientes,
como si apretaran entre sí la inhóspita certeza de la soledad,
mientras una puerta se cierra de golpe en algún rincón de la casa.

Aparecen los pájaros,
los pájaros oscuros y brillantes,
volando al ras, lanzando sus agudos augurios
de whisky barato y cosas que se pierden.

[Anoche soñé que se me perdían los lentes.

Cada día veo peor.

Hoy no fumé ni un cigarro.

Tengo un amigo internado en el Pasteur.

Mi viejo me regaló un peluche.

Verónica me regaló esta libreta.

Hace cuatro días que espero tu llamada.]


Tengo el pecho inquieto y los pechos turgentes,
y urgentes.

Me entierro las palmas en los ojos,
y veo colores como los de las plazas montevideanas, 
y me trago la sal que baja como un flagelo
por mi garganta atolondrada,
se posa en mis labios que tiemblan, se aprietan, se fruncen, 
se hunden entre mis dientes que los muerden.


[Es la quinta vez que escucho una canción que no me gusta.]


All in a dream. (Stella Im Hultberg)

domingo, 19 de mayo de 2013

Donde digo "digo".


Digo que parezco los desperdicios de lo que debería ser,
que te fuiste y (por suerte) te llevaste toda la basura que pensábamos sobre el amor,
y me dejaste acá, rabiosa, inteligente y sola.

Menos mal que me quedó el resentimiento y las ganas de matarte.
menos mal que es domingo y está lloviendo, qué alegría.
Menos mal que tengo un montón de libros de poesía
y que puedo imaginarme que te arranco el corazón y le vomito encima,
de puro tierna que soy.

Me encanta la mujer desencantada y cínica en que me convertiste,
no me preocupa que me mientan, yo miento primero.

No me preocupo por las hojas que caen mecidas por el viento del otoño precoz,
ni por el cuarto creciente finito y blanquísimo que se parece a los pedazos de uña
que me arranco cuando me pongo nerviosa.
Ya no me interesa el vapor del aliento que se condensa en los vidrios de las ventanas como condenando a mis palabras torpes a morir hechas gota de agua sucia.
Ni me fijo en la brutalidad de las olas enardecidas en los muros de la rambla cuando hay tormenta, o en la poesía de unos labios gruesos rajados por el frío hiriente de la madrugada.

Me gusta, me gustan mi mirada recelosa y mis ojos entrecerrados.

Las manos de la protesta (Oswaldo Guayasamin)



martes, 5 de marzo de 2013

La verdadera fiesta de guardar

No es un día para ser gracioso, 
no es un día para ser poeta, 
no es un día para tomar una grappita, 
no es un día para hacer un asado, 
para leer cómics, para jugar a la play, para salir de compras. 

No es un día para fumar un porrito,
para andar en skate, para leer a Kafka o a Nietzsche. 

No es el momento de encontrarse con los amigos a reírse de los padres o de las novias. 

No es un día para jugar fútbol cinco. 
No es un día para una cena a la luz de las velas, 
para mirar House o The walking dead, 
para elegir cortinas, 
para mirar las estrellas, 
para subir al faro, 
para salir a caminar por el rosedal. 

No es un día para encontrarse en La Triple con los pibes del Complejo América. 

Hoy no es un día porque hoy, hoy son todos los días, 
hoy es la historia de un montón de gente y de paisitos 
que quedaron varados en un pueblucho de mierda que se llama Desazón.

miércoles, 20 de febrero de 2013

El gato no llora.

Sus ojos casi incorpóreos se traslucen como una bola de destino.
Desde su altura infinita se detiene a escucharme.
Un oráculo, una entidad superior que desconoce  los asuntos cotidianos en los que gasto mis horas.
En dos saltos impecables me trae su sonrisa de cuarto menguante,
Inclina la cabeza y me habla en su lengua milenaria,
 que yo, muy idiota, aun no he aprendido.
Las vueltas de su lomo, brillantes montañas azules que se giran  y se enredan en mis pies.
 Y yo con mi torpeza bípeda, trastabillo y lloro. Yo sí lloro.

                                                           Smoking cat (Leila Ataya)